La Iglesia católica sanjuanina sumó oficialmente a Mario Robles, su nuevo obispo auxiliar.

El lunes 21 durante la siesta sanjuanina, en el Estadio Aldo Cantoni, los jóvenes se congregaron previo a la Consagración en la tradicional Jornada Arquidiócesana de Jóvenes, coordinada por la Pastoral Arquidiocesana de Jóvenes. La consigna era asistir con prendas celestes y blancas para ser parte de la «hinchada de Jesús».

Mientras tanto, al estadio iban ingresando las comunidades de fieles con pancartas y banderas para demostrar su presencia y llamar la atención del Padre Mario.

La Ceremonia inició pasadas las 18, con presencia de autoridades provinciales; Director Nacional del Culto Católico; autoridades Militares y de las Fuerzas de Seguridad; miembros ejecutivos municipales; dirigentes de Instituciones Civiles, Organizaciones Sociales y miembros de la mesa interreligiosa provincial.

La celebración estuvo encabezada por mons Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo, y los Co-consagrantes fueron mons. Alfonso Delgado Evers, Arzobispo Emérito de San Juan de Cuyo; los obispos auxiliares de San Juan de Cuyo mons. Carlos María Domínguez OAR y mons. Gustavo Larrazábal CMF. Y los Obispo que acompañaron como concelebrantes fueron mons. Dante Braida, Obispo de la Rioja; mons. Gabriel Barba, Obispo de San Luis; mons. Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y mons. Marcelo Masitelli, obispo auxiliar de Mendoza.

En la ceremonia se destacó la alegría y emoción de todos, por ser testigos de la Consagración del sanjuanino tan querido por la gente. El canto y aplausos en las tribunas y la cancha no faltaron.

Al finalizar la celebración, el nuevo Obispo compartió con todos su felicidad y agradecimiento a Dios haciendo un recorrido por su vida, y nombrando a quienes marcaron su vocación:

«Estamos aquí por gracia de Dios, estamos aquí porque estamos celebrando como Iglesia el ministerio de servicio y por eso quiero decir que este rato se apara alabanza, para gloria, para bendición y agradecimiento de Dios. Por la vida, la existencia, por el sí de mis padres para yo haber nacido. Gracias a la familia que me ha amado y me ama, a mis amigos que me quieren y me cuidan (aplausos), ese aplauso es para ustedes, a la familia y los amigos. Agradecerle a nuestro Dios que me regaló el don de la fe el día de mi batisismo, y agradecerle a la Iglesia que me ha acompañado desde los sacramento de iniciación: la comunión, la confirmación, y aquí entran en un lugar muy importante mis hermanos sacerdotes. Agradezco a quien ya descasa en el cielo, el Padre Pérez Conca, que me enseñó los primeros conocimientos de la fe. Y después en la vida de la juventud me fueron iniciando hermanos que están acá conmigo: el Padre Orlando, el Padre Pepe Fuentes, el Padre Pepe Nieto y el Padre Diego Navarro. Esos cuatro caballeros me acompañaron y me iniciaron en el camino de la fe. Yo les agradezco mucho porque ahí encontré testimonio de la vida sacerdotal. Muchos de los que hoy son sacerdotes eran seminaristas también, así que yo les agradezco muchísimo cada palabra, cada bendición a mis hermanos sacerdotes y diáconos. Y a los seminaristas también porque con su alegría, con su oración, con sus testimonios también me edifican. Gracias al pueblo de Dios, que está aquí. Esta presentes muchas de las parroquias que he acompañado y he ido caminando con ustedes. Cuando comencé en Santa Lucía, después fui a Guadalupe, luego a Santo Domingo de Guzmán, en Iglesia, y de ahí fui al seminario. Gracias al sacerdote con el que he compartido este último tiempo como vicario, el padre Juan Antonio Morelli, alias el Yiyo. A la Basílica los Desamparados que hasta el jueves he sido el párroco, gracias al colegio parroquial y todas las instituciones. Por supuesto que están todas las demás parroquias que, también, he ido compartiendo por distintos motivos la fe, así que les gradezco mucho por haberse dado el tiempo en esta tarde, este lunes feriado, haber compartido esta celebración de la iglesia. Por supuesto agradezco a los hermanos obispos, especialmente al padre Jorge, que era siempre para mí, como sacerdote y ahora como hermano, es un padre, un amigo, un hermano. El padre Carlos María siempre ha estado cerca mío, al padre Gustavo. Y en este poco tiempo he conocido a los obispo de la región, al padre Marcelo Mazzitelli, al padre Gabriel Barba, a monseñor Colombo de Mendoza, a Dante Braida de la rioja y nuestro arzobispo emérito Alfonso. Cada uno me ha ido dando testimonio de su vida cristiana, de su vida ministerial, sus consejos y sus palabras de ánimo. Mucho agradecimiento también a las autoridades, a las fuerzas policiales, a bomberos, a todas las fuerzas de servicio en nuestra provincia, autoridades que nos han prestado cosas para poder realizar a celebración. Con algunos mas allá de que cumplen una función elegidos por el pueblo, hemos ido conociéndonos como personas, como amigos, como vecinos. Por su puesto el Valle, mi lugar de nacimiento. Valle fértil. Muchas gracias a todos por estar aquí y por favor un último viva para nuestro Dios que nos permite celebrar en esta tarde aquí ¡Que viva nuestro Dios! ¡Que viva nuestra madre, la Virgen! Gracias a los medios de comunicación, al sonidos, a infraestructura, a todos los equipos que han trabajado, al coro, muchas gracias a todos. Bendiciones»

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