Hoy, 29 de agosto, se conmemora el aniversario del fallecimiento de Eusebio Baltasar Dojorti, conocido como «Buenaventura Luna», el poeta mayor de las cosas nuestras. Nacido en Huaco el 19 de enero de 1906, su legado perdura como un ícono del folklore argentino, autor e intérprete de innumerables canciones que se han arraigado en la memoria colectiva.

La trayectoria artística de Buenaventura Luna es asombrosa, pues además de componer y cantar, también fue organizador e integrante de conjuntos folklóricos de renombre en todo el país, entre ellos «Los Manseros de Tulúm» y «La Tropilla de Huachi Pampa». Sin embargo, su mayor contribución radica en las transmisiones radiales que llevó a cabo a partir de los años 30 del siglo XX, mediante su programa «Zafarrancho Oral» en Radio Graffigna, más tarde conocida como Radio Colón. En 1937, continuó su labor en Radio «El Mundo» de Buenos Aires, donde dio vida al famoso programa «El fogón de los Arrieros», que se convirtió en un símbolo del folklore argentino.

Durante estas emisiones, Buenaventura Luna hizo posible la difusión del folclore en todas las regiones del país y permitió que generaciones posteriores de destacados conjuntos musicales incorporaran sus composiciones en sus repertorios. Entre ellos, se destaca el conjunto «Los Quilla Huasi», que acogió una parte significativa del Cancionero de Luna y posteriormente cambió su nombre a «Los cantores de Quilla Huasi» en honor a la sugerencia del propio poeta.

Las letras de Buenaventura Luna abordaban la vida, costumbres y tradiciones de su tierra natal, especialmente el hermoso valle de colores y montañas gredosas de Huaco. A través de canciones como «Canto a Jáchal», «Vallecito», «Sentencias del Tata viejo» y «Zamba triste», entre otras, logró retratar de manera poética la esencia del ser sanjuanino y los valores de nuestra cultura popular.

En las «Sentencias del Tata viejo», Luna reflexionó sobre la condición humana y ofreció sabios consejos llenos de valores, que aún resuenan en los corazones de quienes aman el folklore. Su legado trascendió generaciones y sigue siendo apreciado por aquellos que buscan conectar con sus raíces.

El poeta huaqueño falleció el 29 de julio de 1955, y sus restos fueron llevados de regreso a su querido Huaco en un emotivo cortejo de arrieros, quienes lo despidieron cantando tonadas y recitando «Vallecito». Sus restos descansan al pie de un algarrobo, y sobre ellos reposa una guitarra de cuerdas rotas, un símbolo de la ausencia del hombre que cantó al paisaje, al hombre de campo, al gaucho, al indio, al guitarrero y al labriego.

Hoy, en el aniversario de su partida, recordamos con cariño a Buenaventura Luna, quien dejó una huella imborrable en el corazón de los argentinos a través de sus versos y canciones. Para revivir su legado, podemos adentrarnos en su cancionero y poemario a través de obras como «Buenaventura Luna, su vida y su canto» (Edición Senado de la Nación, 1985) y «100 años de poesía Buenaventura Luna» (Edición Gobierno de San Juan, 2006), que son un fiel testimonio de su invaluable aporte a nuestra cultura.

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